Tuesday, October 21

Menos a la Obra

Juan Lara

El Vocero, 28 de marzo de 2008

A medida que se agudiza la escasez de recursos fiscales, financieros, sociales y culturales, en Puerto Rico somos cada vez menos a la obra.

El ex-presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso dijo en cierta ocasión en un discurso que la perplejidad es el más inútil de todos los estados sicológicos. Pues bien, los puertorriqueños nos hemos quedado perplejos ante un modelo de desarrollo económico que casi todo el mundo da por agotado, pero que casi nadie se atreve a dar por terminado.

Para sacudir esta modorra mental, quizás sirva un vuelo de fantasía. Pensemos en Chirlanda, un país mítico con la ambición latinoamericana de Chile y la condición de economía isleña, pequeña y abierta, de Irlanda. ¿Qué lecciones le ofrece el modelo chirlandés a Puerto Rico?

Primero, en Chirlanda le hicieron frente al cambio. Ya fuera porque la situación de crisis política y económica los obligó a hacerlo, como en Chile, o porque el lastre de una economía estancada les impedía aprovechar el acceso a la Unión Europea, como en Irlanda, el pueblo chirlandés y sus líderes se atrevieron a dejar atrás las prácticas que habían repetido por décadas en materia de política económica y estrategia de desarrollo.

Segundo, en Chirlanda fraguaron un pacto social, ya fuera de manera formal, como ocurrió en Irlanda hacia finales de los años ochenta, o como una convergencia de voluntades en el proyecto de construcción de la democracia, como ocurrió en Chile durante los años noventa. Este pacto social no es lo mismo que un consenso, donde todos están de acuerdo sobre todo, sino una concesión recíproca de espacios de acción entre los diferentes actores sociales—empresarios, trabajadores, políticos—en aras de un propósito compartido.

Tercero, en Chirlanda no sólo se abrieron a la economía mundial, sino que también dinamizaron su economía interna, utilizando los instrumentos de política económica para estimular el desarrollo simultáneo de las industrias locales y las provenientes del exterior. Más importante aún es fomentar la integración de la industria local y las empresas foráneas y minimizar las diferencias en el trato que se les da a las empresas locales y las extranjeras. De este modo se crea un tejido productivo más denso, más estable y más conducente al aprendizaje y la innovación.

Por último, pero no menos importante, en Chirlanda tienen un sistema contributivo eficiente. En sintonía con las tendencias mundiales, los chirlandeses gravan principalmente el consumo, en lugar del ingreso, con lo cual se incentiva el trabajo y el ahorro a la vez que se desalienta la evasión contributiva y la economía informal. Un elemento clave de este sistema es que la tasa contributiva que se aplica a las empresas es baja, y se aplica por igual o casi por igual tanto a las empresas locales como a las foráneas.

Por supuesto, Chirlanda no es pura fantasía. Irlanda y Chile son sólo dos ejemplos de economías exitosas en el escenario mundial. De varias otras podemos extraer lecciones similares a las que hemos mencionado en esta nota. Ahora que en Puerto Rico comienza a debatirse la nueva ley de incentivos industriales, debemos mantenernos enfocados en esas lecciones del éxito y poner de verdad manos a la obra.

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