Tuesday, October 21

cambios a la ley de incentivos industriales de Puerto Rico: ¿Incentivos industriales para qué?

Dr. Juan Lara

El Nuevo Día, 2 de marzo de 2008

Ante el reto que supone la definición inminente de una nueva ley de incentivos industriales Puerto Rico tiene que zafarse del lugar común para pasar a un propósito compartido.
De lo contrario, acabaremos por eludir una vez más las decisiones fundamentales que hay que tomar sobre la reorientación de nuestro desarrollo económico, refugiándonos en la falsa seguridad de lo mediocre conocido, por miedo a lo excelente por conocer.

El lugar común en lo que respecta a los incentivos se resume en una lista de preguntas retóricas, como las siguientes: ¿Es importante la manufactura para Puerto Rico? ¡Claro que sí! ¿Necesita Puerto Rico los incentivos contributivos para la manufactura? ¡Claro que sí! ¿Utilizan incentivos contributivos nuestros competidores? ¡Claro que sí! ¿Se deben estimular la innovación, el aprendizaje, la ciencia y la tecnología? ¡Por supuesto que sí!

Nadie (o casi nadie) está en desacuerdo con la contestación a esas preguntas, pero se trata de un consenso insulso, por que no dice nada sobre lo verdaderamente importante, que es el cambio.
Para pasar del lugar común al propósito compartido sobre el futuro económico del País hay que acometer otras preguntas como las siguientes: ¿Se debe aumentar las tasas contributivas preferenciales que se aplican actualmente a las (mal) llamadas corporciones exentas? ¿Se debe reducir el diferencial entre las tasas que pagan las corporaciones exentas y las no-exentas? ¿Se debe ir desplazando la política industrial hacia un régimen que no dependa tanto como el actual de las ventajas contributivas? Estas preguntas no llevan a un consenso fácil, pero son
ineludibles. Creo que la contestación correcta a todas ellas es "sí".

En las oraciones finales del ibro Restoring Growth in Puerto Rico, de la Brookings Institution y el Centro para la Nueva Economía, se afirma que "Puerto Rico no puede continuar dependiendo de las ventajas contributivas como el principal atractivo para las empresas internacionales". Con mucha anterioridad al libro Brookings/CNE, la misma idea la planteó el Nuevo Modelo de Desarrollo Económico que propuso hace 13 años la administración de Pedro Rosello. En dicho documento se dique el nuevo modelo "sustituye y/o complementa los incentivos generales con otros de carácter específico, por ejemplo, aquellos dirigidos a mejorar la calidad de la fuerza trabajadora, fortalecer la infraestructura científica científica y tecnológica y crear un clima reglamentario facilitador y apropiado". El nuevo modelo se distancia del anterior diciendo que el mismo "está basado esencialmente en incentivos contributivos generales".

¿Es que nada ha cambiado en los trece años desde que Roselló presentó su nuevo modelo? Por el contrario, ha habido cambios radicales, pero han venido del Congreso de Estados Unids, no de la comunidad local. Ya no existe la sección 936 ni su sucesora con muerte anunciada, la sección 30-A. El Congreso y los asesores de política pública en Washington, como la General Accounting Office y el Joint Committe on Taxation, ya no creen que los incentivos contributivos sean un buen instrumento para impulsar el desarrollo económico de Puerto Rico, después de haberlos endosado por casi medio siglo. Ese es un cambio importante.

En nuestro lado del mar no hemos cambiado tanto. De hecho, no hemos cambiado prácticamente nada. Se da por sentado que continuaremos dependiendo principalmente de los incentivos contributivos para la promoción industrial, y eso , a estas alturas del siglo XXI, es tirar la toalla en materia de desarrollo.

De nada sirven las comparaciones autolesivas con las irlandas y los singapures del planeta si no emulamos sus mejores prácticas, y nos conformamos con usarlos ceremonialmente con benchmarks de nuestras deficiencias. Estos países se orientan más y más hacia los incentivos no-contributivos, como las aportaciones directas y los créditos específicos para actividades de valor económico estratégico.

En el caso de Puerto Rico, los objetivos estratégicos se relacionan con promover eslabonamientos entre las industrias del exterior y las industrias locales, fomentar las industrias de servicios, estimular las exportaciones de productos de alto valor añadido local, propiciar la innovación y el aprendizaje, y, por supuesto, crear empleos. Este último objetivo debe figurar siempre entre los criterios para el para el otorgamiento de incentivos, ya que seguimos siendo un país donde más de la mitad de los adultos no pasan por el mercado de trabajo.

Cuando en Puerto Rico predominaban los pequeños quioscos y colmados, era común ver un letrero que decía "hoy no fío mañana sí". En estos momentos de incertidumbre y de definicióm inminente, es natural querer aplazar el cambio, por el temor que infunde. Pero no luciríamos nada de bien en la aldea global si colgáramos al frente de la isla un letrero que diga "hoy no cambio, mañana sí".